En el marco de las actividades académicas de este semestre, los estudiantes de licenciatura en literatura de la universidad del Valle, bajo la dirección del profesor Hernándo Urriago Benítez, presentamos a ustedes esta pequeña comunidad dedicada a la producción poética del último siglo.

Bienvenidos.

viernes, 18 de diciembre de 2009

En el reino del amor, la locura y la muerte: Acercamiento al mundo poético de Raúl Gómez Jattin.


Por José Alexánder Erazo.
Estudiante de la Escuela de Estudios Literarios.

Si consideramos que el acto de creación lírica es el de máxima potenciación del lenguaje literario, hemos de aceptar que el acto de lectura de la obra lírica debe ser, por correspondencia, el más arduo, creativo y, en la medida en que la creatividad –en el ámbito estético– se construye en la individualidad, el más personal. Un poeta lírico crea un mundo de vivencias y representaciones (hecho de su palabra poética: musical, plástica y conceptual) que genera un campo de vibración vital, el cual, si halla en el lector una caja de resonancia donde liberar la belleza y verdad de sus elementos, podrá reconstruirse o revelarse.
Por lo anterior, un lector competente de poesía lírica debe aspirar a ser como el poeta: tener su visión demiúrgica en la representación de imágenes, alcanzar su dominio de las fuentes retóricas, perderse sin freno en los caminos de la imaginación, afinar el oído a la frecuencia en que cantan los objetos, pensar con el rigor del sabio. Por la exigencia que este reto implica, es comprensible el pobre nivel de los estudios líricos; en casi todos ellos, el acercamiento es parcial, limitado a un aspecto determinado del fenómeno lírico, casi siempre el retórico.
En ningún otro género se ha marcado más la diferencia entre el autor y el lector, éste ha ayudado a construir el pedestal de aquél a partir de paradigmas como el de la inspiración trascendente en la creación lírica, el del genio romántico, el del poeta maldito, el de la pureza verbal del poema, entre otros. Un acercamiento más equitativo entre el poeta y su lector requiere de la desmitificación mutua de estos paradigmas. Y éste es quizá el desafío de la crítica y la teoría literaria actuales.
En consecuencia, nos proponemos ofrecer un acercamiento plural al universo poético formulado por la obra lírica de Raúl Gómez Jattin, omitiendo actitudes frecuentes en el abordaje de su obra, como el biografismo y la exultación temática (el énfasis en los temas escandalosos de su obra: la sexualidad desbordada, la locura, las drogas). Para esto tendremos en cuenta algunas propuestas teóricas recientes, que han desbrozado el –hasta hace muy poco recorrido– camino de los estudios líricos.
Iniciaremos este acercamiento en la médula misma del fenómeno lírico, el de su enunciación. ¿Quién habla en la poesía de Raúl Gómez Jattin? ¿Qué voz poética construyen sus poemas y a partir de qué vivencias? ¿Qué tú o él construye este yo poético? Pasaremos luego a considerar las voces literarias que resuenan en la obra del poeta de Cereté. Influencias y divergencias que determinarán la comunidad de sus poemas con la poesía nacional y universal. Por último, intentaremos entender las implicaciones ideológicas (religiosas, filosóficas, estéticas) del erotismo construido en su poética.

Siendo ellos y siendo a veces también yo: La búsqueda del yo en los otros y en la nada, negación del sujeto en la poesía de Raúl Gómez Jattin.

1. Precisiones teóricas.

Cuando el marxismo y el estructuralismo abordaron la literatura dieron al traste con muchas de las convicciones neoclásicas respectivas a los géneros literarios. Georg Lukacs superó las interpretaciones elitistas sobre la epopeya, que la consideraban una forma de discurso sublime de exaltación de la nobleza y grandeza de la condición humana; los narratólogos evidenciaron las estructuras tópicas de los cuentos y novelas, acercándolas a otras funciones discursivas, esencialmente orales, como el mito o el relato tradicional. Sólo la lírica pareció resistir los embates teóricos del siglo XX para seguir reinando en su torre de sublimidad subjetiva.
Si hay un principio corruptor de la teoría de la lírica es el prejuicio sobre el carácter no ficcional de la enunciación lírica. Se ha querido creer que quien habla en el poema es el poeta mismo, aduciendo la fuerza subjetiva –de presencia casi inmediata– de la voz lírica.
Katie Hamburger realiza una sólida defensa argumentativa de este principio: para ella, la lírica es enunciación de realidad, porque el sujeto enunciativo lírico se propone como sujeto real que dice cosas sobre el mundo y no como un sujeto ficticio, al que él, como autor, hace decir cosas sobre el mundo (como es el caso de los narradores en la narrativa); dicho de otro modo: la vivencia de la enunciación lírica puede ser “ficticia” en el sentido de inventada, pero al sujeto poético, en tanto vivencial, sólo es dable considerarlo sujeto real de enunciación, jamás como sujeto ficticio. Además, para Hamburger, todo lector de poesía lírica asume esta condición para el poeta, pues vive el poema como si fuera el enunciado de un auténtico sujeto enunciativo. “Al poema lo vivimos como enunciación de realidad como si fuera una carta o una comunicación oral”.
Sultana Wahnón en Ficción y dicción en el poema presenta las refutaciones a la teoría de Hamburger, que incluyen aquellas que aducen ejemplos de lírica a los que el principio de enunciación vivencial subjetiva no les es aplicable, como los poemas líricos narrativos o los dialógicos. Una refutación más contundente es la de Félix Martínez Bonati, él afirma que sólo la ubicación en una situación comunicativa real (un contexto de enunciación en el que un emisor concreto diga algo en función de la intención de comunicarse con un receptor concreto) daría calidad de “real” a la enunciación.
Posiciones menos radicales que la de Hamburger se han propuesto en torno al tema de la enunciación poética, si bien ninguna ha logrado crear un estatuto coherente sobre la naturaleza ontológica del sujeto poseedor de la voz poética, ni la de su receptor. Peor aún, aspectos del contexto enunciativo lírico como el lugar o el tiempo de la enunciación apenas si están empezando a ser analizados. El tratamiento problemático de estos temas pasa por dificultades como las de la variabilidad histórica del género lírico o la difícil especificidad de la enunciación del yo en los poemas líricos, por la falta de marcas textuales para identificar al sujeto enunciador o por la ausencia de un marco preciso para ubicar su discurso.
Sin embargo, a pesar de las dificultades teóricas, intentaremos un acercamiento a la instancia enunciativa de algunos poemas de Raúl Gómez Jattin, considerando, en su momento, algunas propuestas teóricas sobre el asunto, como las de Pozuelo Yvancos o las de Hans-Georg Gadamer.

2. Análisis de la instancia de la enunciación lírica en la poética de Raúl Gómez Jattin.

Consideremos el siguiente poema

Ellos y mi ser anónimo.

Es Raúl Gómez Jattin todos sus amigos
Y es Raúl Gómez ninguno cuando pasa
Cuando pasa todos son todos
Nadie soy yo Nadie soy yo

Por qué querrá esa gente mi persona
si Raúl no es nadie Pienso yo
Si es mi vida una reunión de ellos
que pasan por su centro y se llevan mi dolor

Será porque los amo
Porque está repartido en ellos mi corazón

Así vive en ellos Raúl Gómez
Llorando riendo y en veces sonriendo
Siendo ellos y siendo a veces también yo

Este poema, que pertenece a la segunda parte de la edición de Retratos, su primera obra publicada, es ilustrativo de las dificultades que algunos poemas de Gómez Jattin pueden presentar respecto a su enunciación lírica. Empecemos diciendo que, como miembro de esta colección de poemas, el poema reclama la calidad de retrato, en este caso de autorretrato, porque el sujeto que pretende ser retratado en él es el mismo poeta. Y esto lo podemos colegir de las marcas textuales concretas del yo (pronombres, nombre propio) que, si bien no lo determinan como el sujeto de la enunciación directa de los primeros tres versos (el sujeto de estos tres versos es impersonal y se refiere a Gómez Jattin en tercera persona), surgen desde el cuarto y hasta el último de forma ininterrumpida, si bien complejizando su yoidad con la alteridad de los ellos.

Analicemos ahora como este autorretrato construye la concepción del yo en la poética de Gómez Jattin y, ante todo, examinemos los procedimientos poéticos semánticos y retóricos que dan cuenta de esta concepción. Para esto usaremos tres tipos de convenciones sobre las distintas personas pronominales del poema.

Voz poética impersonal.

Voz poética del sujeto lírico – Raúl Gómez Jattin

Referencia a ellos.

Es Raúl Gómez Jattin todos sus amigos
Y es Raúl Gómez ninguno cuando pasa
Cuando pasa todos son todos
Nadie soy yo Nadie soy yo

Por qué querrá esa gente mi persona
si Raúl no es nadie Pienso yo
Si es mi vida una reunión de ellos
que pasan por su centro y se llevan mi dolor

Será porque los amo
Porque está repartido en ellos mi corazón

Así vive en ellos Raúl Gómez
Llorando riendo y en veces sonriendo
Siendo ellos y siendo a veces también yo

En los dos primeros versos una voz poética impersonal (en tanto que no se propone con una identidad propia) define quién es Raúl Gómez Jattin, en el primer verso afirma que es todos sus amigos, y en el segundo afirma que, cuando pasa, es ninguno. Esta condición “cuando pasa” parece referirse al momento en que, dominado por la locura, recorre las calles de su pueblo o de las ciudades que le acogieron. Esta suposición parece ratificada en el tercer verso, cuando iguala el todos del primer verso, referido a sus amigos, con un todos (todos son todos), que en el ahora enunciado (cuando pasa) no puede aludir sino a la gente del común, a los espectadores de su locura. La relación de otro estado del yo para el Gómez Jattin loco, se confirma en el cuarto verso, cuando surge una repetición en la que resuena un eco del discurso del loco: la negación de la identidad propia (Nadie soy yo Nadie soy yo).
Concluyendo, encontramos que, en la primera estrofa, la voz poética define un yo dual. Un yo cuerdo, que se define en el otro, en sus amigos, concretamente; contrapuesto a un yo loco, que se define en la nada, para quien todos son ellos mismos, y ninguno –ni siquiera sus amigos– pueden ser él mismo, es decir, estar en plano de igualdad ontológica con su yo. El yo del Raúl Gómez Jattin loco se ubica en un plano de soledad absoluta, alejado de todos, o mejor, al que ninguno puede acceder. Este plano de soledad absoluta es en realidad un eufemismo, el yo loco de Gómez Jattin se adjudica para sí la nada, es nadie, no existe sino como paradoja ontológica: Nadie soy yo, es la fórmula precisa en la que el poeta condensa lo paradójico de la enunciación del loco.
En la segunda estrofa surge la pregunta sobre a quién se refiere el sujeto lírico con la denominación gente. La respuesta está en la tercera estrofa: Será porque los amo. Es decir, en la segunda estrofa y hasta el final del poema, la gente y ellos son los amigos de Gómez Jattin. Pareciera que el poema recoge una reflexión de Gómez Jattin sobre sus amigos en relación con su estado de locura: ¿por qué le quieren a pesar de ser loco (nadie)? Se trata de una pregunta dolorosa, una constatación biográfica básica nos muestra la vida del poeta, después de su locura, como la sucesión de redenciones que sus amigos ejercerán en su vida.
Quién lee este poema a la luz de su biografía, podría deducir que Gómez Jattin sintió culpabilidad por los abusos que contra sus amigos cometió en los momentos de locura. Pero aquí, el homenaje del poema (y es que el sentido más explícito de la obra poética de Gómez Jattin es el homenaje a los otros, formas como el encomio, la alabanza, la dedicatoria, el epitafio, entre otros tipos laudatorios, son algunos de los subgéneros líricos que engloban su producción poética) llega a ser supremo. Gómez Jattin no se cree digno del amor de sus amigos, porque él no es nadie (sólo un loco) y lo que él es, o mejor su vida, es la congregación de sus amigos y su acción benéfica aliviándole el dolor de ser nadie (de ser loco). Dicho de otra forma, el sujeto lírico – Raúl Gómez afirma que no entiende porque sus amigos le quieren, si lo que en él es querible son precisamente ellos.
La tercera estrofa es un énfasis y una confirmación de lo dicho en la segunda. El sujeto lírico supone que le aman porque él los ama, él, cuya parte de ser son sus amigos; se da aquí una tautología interesante: si Gómez Jattin es sus amigos, ellos le aman amándose a sí mismos. El segundo verso de la tercera estrofa aclara esta perspectiva confusa: porque está repartido en ellos mi corazón, lo que quiere decir que, más que estar llena su vacuidad por el ser de sus amigos, lo está porque su ser está disgregado en ellos. Hay, como hemos hallado en el caso de este poema, una tensión entre amistad y egoísmo, entrega y dominación, narcisismo y platonismo, que enriquece dialécticamente estos pares, en toda la obra de Gómez Jattin. En el poema a su madre dice:

No sabe que en su vientre me oculto para cuando
Necesite su fuerte vida la fuerza de la mía
(Lola Jattin en Hijos del tiempo)

Fijando una de las característica opuestas de esta relación: dominación – dependencia.
Como un yo que se da a los otros, pero que, al tiempo, se retrae de ellos excluyéndolos, es como debemos entender la dialéctica del yo en la obra de Raúl Gómez Jattin: un yo oscilante entre el todo y la amistad, y la nada y la soledad. La última estrofa del poema que analizamos condice con este aserto. Así, reunidos en él, y él disgregado en ellos, viven sus amigos en él y él en sus amigos, siendo ellos –asumiéndolos y aceptando su amistad, durante su cordura–, pero siendo también él mismo, siendo su yo, durante la locura.


3. Sentido autobiográfico de la tensión dialéctica yo – ellos en la obra poética de Raúl Gómez Jattin.

Si consideramos la intencionalidad de los primeros poemas de Raúl Gómez Jattin diremos que tienen un carácter vindicatorio, a veces retaliativo. El poeta busca afirmarse en su oficio, ante los criterios estrechos de sus familiares y vecinos, así lo manifiesta en una carta a Milcíades Arévalo: “Pero tengo otro libro un libro que da miedo de verdad. Da miedo. He sido malvado, profundamente malvado. Mis pobres compañeros de vida, los que me dieron la vida incluso, aparecen de gesto entero. Ay de ellos. Ay de sus intimidades más sagradas. Ay, pero un ay poderoso. Porque cuando canto pujo y cuando pujo lloro. Lloro y canto, pésele a quien le pesare; yo canto y hiero. Comenzando por el indefenso Raúl. Mi navaja de asesino –de hachís-chino– corta filosa la carne ajena. Treinta y dos poemas de sangre vertida. No te los pierdas. Concursa en Cúcuta el próximo mes. Lujuria, indiferencia, ambición, dinero torpe, amor, muerte, falsos poetas, traiciones, fracasos. Todo eso está en Retratos, del nunca bien nombrado R.G.J. Me van a odiar, amigo mío que tienes la dicha de conocerme, me van a odiar con razones. Qué bien me siento. Sé de antemano que es una obra muy importante para veinte personas. Suficientes motivos para publicarla. Me divertí escribiéndola. Con cada uno de los personajes jugué a las escondidas y a cada uno sorprendí en uno, dos, tres gestos significativos.”
Pero como bien indica Gadamer, en su análisis a la obra de Paul Celan, ¿Quién soy yo y quién eres tú?: “¿Es necesaria la información sobre aquello que un poeta pensó a la hora de componer su poema? Desde luego, la cuestión reside única y exclusivamente en saber lo que un poema de verdad dice: no en lo que el autor pretendía y tal vez no supo decir. Sin duda, la sugerencia del autor respecto a la “materia” de sus poemas en estado bruto bien puede ser de utilidad en el caso de un poema que está cerrado en sí y evita intentos de compresión fallidos. Pero sigue siendo una ayuda peligrosa. Cuando el poeta comunica sus motivos privados y ocasionales, desplaza en el fondo aquello que ya ha logrado cierto equilibrio como estructura poética hacia el lado de lo privado y contingente que, desde luego, ahí no está.”
Y este es el caso que consideramos, aunque Gómez Jattin cree haber construido un compendio de poemas paródicos y oprobiosos, lo que ha conseguido es una mirada humana, a veces, incluso, tierna y compasiva de los otros, esos paisanos y amigos suyos que le comprendieron y tergiversaron alternativamente. Y no se trata, exclusivamente, como en el caso de su principal fuente literaria, Luis Carlos López, de una vindicación por el humor pintoresco o costumbrista, pues como lo señala en la carta, ha sorprendido a estas personas retratadas en dos o tres gestos significativos–y no muecas o ridiculeces–, este representar a los otros por lo significativo de un gesto es un aspecto donde la poesía de Gómez Jattin alcanza una dimensión sicológica universal que trasciende –en muchos de los poemas– la simple estampa sicológica, verbigracia en los dos hermosos y complejos poemas a sus progenitores.
El propósito inicial parece no cambiar demasiado en las siguientes obras. Se busca la reivindicación, la aprobación, pues hay una desconfianza demasiado afianzada en el susceptible carácter del poeta, respecto al mérito propio de la obra poética: “Somos felices cuando nos leen, verdad Milcíades. Nacimos para ser leídos, esa manera de tratar íntimamente con uno sin desgastarlo. Y me siento contento con que me haya leído alguien como tú, águila solar. El poeta sabe tratarse con sus semejantes, y con una de mis alas te digo: gracias por reconocer que mi vuelo es gracioso, que mis plumas son fuertes y brillantes, que mi pico infunde temor”.
Son tantas las manifestaciones de megalomanía en el anecdotario de Gómez Jattin (célebres entre otras son la negación a ser editado en ediciones de poco tiraje y pobre presentación, la bullaranga armada con motivo del reconocimiento público del presidente López Michelsen, la vuelta a la locura –después del tratamiento en Cuba– por la lectura de una crítica negativa en el Magazín de El Espectador etc.), que cabría preguntarse si hay una esencial falsedad en las manifestaciones comprensivas, amistosas y compasivas de sus poemas. No hay tal, la excesiva megalomanía del poeta converge con su extremada debilidad. Frágil, el egocéntrico Gómez Jattin, es un dios que adora:

Soy un dios en mi pueblo y en mi valle
No porque me adore Sino porque yo lo hago

De lo anterior la recurrencia en la enunciación dual del sujeto poético, que se dice desde y para el otro:

tu nombre que era el nombre
que mi dolor tenía
o

Muero cada día
con el dolor del loco
que destruyen los otros
con el mendigo muero
con el enamorado triste
sufro
con la mujer confinada
en un bar musical
lloro
y vuelvo a estar solo
a comer el agrio pan del exilio
entre tanta gente que a veces
Amo

“Vinimos al mundo solos, vivimos solos y solos morimos. En la soledad se fraguan los hechos sociales, pero he vivido rodeado de amigos, para mi mal, para mi tristeza y para mi bien. En mi soledad escribí mis poemas, en mi soledad fui amigo de ustedes. La soledad es algo que el hombre debe conquistar si quiere llegar a ser él. Fui un poeta solitario porque fui una persona solitaria y necesitaba suficiente tiempo para reflexionar. Me costaba mucho trabajo. Para mí la poesía fue un asunto de reflexión, angustiante por épocas. El problema se presentaba al intentar sintetizar una profunda experiencia en catorce o dieciocho verso.” Expresó a propósito del poema que hemos analizado, paradójicamente la poesía que le alejaba de sus amigos en la contingencia de su vida, es la que hoy expresa mediante una unión atemporal un acercamiento definitivo: “Yo me propuse con mi poesía hacerme querer. Ando como un muchacho por la vida, buscando amigos con quien ponerme de acuerdo para hacerle una maldad a la maldad.”

4. Sentido sicológico de la tensión yo – ellos en la obra poética de Gómez Jattin.

En el ensayo de William Ospina sobre Raúl Gómez Jattin destaca que: “El país de Raúl Gómez Jattin es ese país ondulante del niño fascinado por un presente maduro y tentador pero continuamente llamado hacia atrás por la evocación de un país mítico. Por eso se mece sin fin entre la pasión del deseo incesante y la prisión de un jardín de fábulas que está en su infancia y más allá de su infancia, un jardín del que su abuela y su madre son los símbolos vivientes. De esa tensión brota su angustia, y también brota su poesía. Esa madre es a la vez la memoria y el duelo, el amor oscuro y la luz del sufrimiento, la evocación y el fuego del lenguaje. Por eso puede decirle finalmente, en la estrofa con la que comienza su poema Un fuego ebrio de las montañas del Líbano.”
Como indica Ospina, la poesía de Gómez Jattin no necesita más que de su entorno edípico para construirse. Desde Retratos hasta los Poemas de la locura las sombras de sus experiencias infantiles habitarán sus poemas. A veces, como una evocación constructiva de la vitalidad, de la inocencia de la vida, pero también como una amenaza destructiva, de la asechanza de la muerte. Amor y muerte, pero amor maternal y paternal, como demostraremos en el tercer acercamiento a la obra de Raúl Gómez Jattin, nunca constituido desde un erotismo adulto. En los poemas de Retratos la positividad de la carga simbólica, vivencial y conceptual de la madre es patente:

Un fuego ebrio de las montañas del Líbano

Yo te sé de memoria Dama enlutada
Señora de mi noche Verdugo de mi día
En ti están las fuentes de mi melancolía
y del fervor de estos versos
En ti circula un fuego ebrio de las montañas del Líbano
En mí vapores densos de tu delirio nublan mi mediocre
razón española
Madre yo te perdono el haberme traído al mundo
Aunque el mundo no me reconcilie contigo

No así en los Poemas de la locura:

“Soy tu madre atiéndeme en tu pensamiento
Al nacer te vendí al diablo me alimento de ti
Te crié para la muerte Soy eterna gracias a ti
Te cuidé como a una mujercita te llené
de mimos y caricias te hice frágil como el vidrio
para cuando llegara la hora -¡Y ha llegado!–
no opusieras ninguna resistencia
Entrégate al dolor que será tu compañero
en la eternidad Porque la muerte es eterna
El dolor es eterno Dolerás para siempre
Y yo reiré para siempre”

A veces, y es el caso de los mejores poemas, ambas perspectivas –la de la positividad y la negatividad de la madre– convergen, en ninguno de manera tan bella como en el célebre Lola Jattin.

Lola Jattin

Para
Alejandro Obregón

Más allá de la noche que titila en la infancia
Más allá incluso de mi primer recuerdo
Está Lola –mi madre– frente a un escaparate
Empolvándose el rostro y arreglándose el pelo
Tiene ya treinta años de ser hermosa y fuerte
Y está enamorada de Joaquín Pablo –mi viejo–
No sabe que en su vientre me oculto para cuando
necesite su fuerte vida la fuerza de la mía
Más allá de estas lágrimas que corren en mi cara
de su dolor inmenso como una puñalada
está Lola –la muerta– aún vibrante y viva
sentada en un balcón mirando los luceros
cuando la brisa de la ciénaga le desarregla
el pelo y ella se lo vuelve a peinar
con lago de pereza y placer concertados
Más allá de este instante que pasó y que no vuelve
estoy oculto yo en el fluir de un tiempo
que me lleva muy lejos y que ahora presiento
Más allá de este verso que me mata en secreto
está la vejez –la muerte– el tiempo inacabable
cuando los dos recuerdos: el de mi madre y el mío
sean sólo un recuerdo solo: este verso.

He leído tantos versos como he podido: presencias poéticas en la obra de Raúl Gómez Jattin.

Su primera biblioteca fue la de su padre, a lo largo de su vida se encargó de hacerla crecer, al fin de cuentas sería suya tarde o temprano. Aunque sus primeras lecturas fueron tanto narrativas como poéticas, Gómez Jattin supo hallar en todas ellas motivos o imágenes para sus poemas. De las Mil y una noches adquirió un gusto por las imágenes procaces, de sus poemas retomó algunas metáforas y ritmos. De sus lecturas de Platón derivó una particular erótica de la que hablaremos adelante. Otra influencia vital fue la de Luis Carlos López, de quien puede considerarse como un sucesor natural.

Cuando llegas a mi cielo estoy desnudo
y te gustan las columnas de mis piernas
para reposar en ellas Y te asombra
mi centro con su ímpetu y su flor erecta
y mi caverna de Platón carnal y gnóstica

Alfredo Abad Torres en
Pozuelo Ybancos.

Lírica y ficción en Antonio Garrido (compilador) Teorías de la ficción literaria.
¿Enunciación lírica? 1998. Teoría del poema: la enunciación lírica. Fernando Cabo Aseguinolaza y Germán Gullón (Eds) Editorial Rodopi. Ámsterdam
1998. Teoría del poema: la enunciación lírica. Fernando Cabo Aseguinolaza y Germán Gullón (Eds) Editorial Rodopi. Ámsterdam

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